6 preguntas

6 preguntas con Neil deGrasse Tyson

Por Taylor Beck

Explore la mente del mundialmente famoso astrofísico y presentador del programa de medianoche Neil deGrasse Tyson. Acostumbrado a responder preguntas difíciles en StarTalk, Neil también es autor de un sinfín de libros que investigan las incógnitas de la astrofísica, la cosmología física y la comunicación científica.

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El cielo nocturno inspira maravillas, y no solo en los aficionados a la ciencia, sino en todos nosotros. El famoso astrofísico Neil DeGrasse Tyson cree que los humanos tenemos una curiosidad innata por los misterios de la naturaleza, independientemente de nuestro origen o a qué nos dediquemos. Por eso, el director del Planetario Hayden (en inglés) de Nueva York creó StarTalk (en inglés), el primer programa de medianoche sobre ciencia, para entretener a cualquier persona con una curiosidad natural por todas las cosas.

El programa, nominado a los premios Emmy y que se emite en el canal National Geographic, es un entretenido cóctel en el que se mezclan famosos como Ben Stiller con científicos como Bill Nye. Entre bromas, Tyson y sus invitados debaten sobre la vida en Marte, las aplicaciones médicas de la marihuana, los prejuicios hacia los ateos y por qué no hay más superhéroes con “traseros grandes naturales” como las mujeres de mediana edad (idea de Whoopi Goldberg cuando acudió como invitada).

Cuando comencé mi conversación con Tyson sobre su última creación para fomentar la ciencia junto con la cultura popular y sobre su definición de la curiosidad, enseguida me pidió, con su carácter amable e informal, que le llamara Neil.

Una foto tomada durante el programa de Neil deGrasse Tyson, StarTalk.

El programa de Neil deGrasse Tyson StarTalk

¿Por qué quería que StarTalk fuera un programa de medianoche?

Es un punto de encuentro entre la ciencia y la cultura popular. No pretendíamos ser el primer programa de medianoche sobre ciencia, pero después me di cuenta de que el formato de programa de entrevistas funciona bien gracias a las referencias que hacemos a la cultura popular. Los espectadores no tienen que traer al programa conocimientos externos, ya que conocen la cultura popular.

¿Qué le diría a los puristas que afirman que presentar la ciencia de forma entretenida la diluye?

StarTalk llega a millones de personas, que pueden animarse a ver documentales, leer libros y aprender más cosas. No pensamos en nuestro programa como una lección, sino como una forma de presentar al público un tema que puede que no conozcan, para estimular su curiosidad. La educación no es simplemente lo que se aprende en un entorno académico formal, sino la capacidad de seguir aprendiendo una vez que se ha plantado la semilla de la curiosidad.

¿Y lo de diluir la ciencia?

Nunca me han acusado de diluir la ciencia. Si hablo de ciencia, utilizo el lenguaje real. Por supuesto, selecciono lo que comparto con los espectadores. Pero mis invitados tienen conocimientos científicos; por eso los elegimos. Los humoristas no vienen únicamente para contar un chiste y ya está, sino para hacer que el tema resulte interesante. Se aprende mejor cuando uno se divierte.

Le ha interesado la ciencia desde los nueve años, cuando visitó el Planetario Hayden, que ahora dirige, y donde se graba StarTalk. ¿Cómo mantienen los padres la curiosidad de sus hijos?

Para empezar, mi principal preocupación no es si tenemos niños curiosos. Los niños nacen curiosos. Lo que más me preocupa es la enorme presencia de adultos analfabetos en términos científicos que ocupan cargos importantes, en un milenio en el que la destreza científica puede suponer la diferencia entre la supervivencia y la extinción de la civilización. Hay cinco veces más adultos que niños y son la mayoría de los que ven StarTalk. Mi objetivo siempre ha sido llegar a los mandatarios y a sus votantes. En cuanto a los niños, lo que siempre digo es que los padres deberían quitarse de en medio más de lo que lo hacen actualmente. No hay que hacer a los niños curiosos. Debemos apartarnos para que se expresen. Después, no veo motivos para que no sigan siendo curiosos el resto de su vida.

En 1959 el físico y novelista Charles Percy Snow escribió que los expertos en ciencias y en humanidades ya no hablan el mismo idioma. ¿Piensa que esto sigue igual, ahora que se mueve entre la cultura popular y el mundo académico?

Este comentario ya no se oye mucho porque tenemos artistas, novelistas, escultores y guionistas que emplean términos científicos en su arte. Gravity, ​The Martian, Interstellar. Para escribir los guiones de estas películas es necesario tener conocimientos científicos.

Creo que los artistas que poseen conocimientos científicos son las personas más influyentes. El arte se dirige al alma de nuestra imaginación. La ciencia no solo nos ayuda a afianzar lo que vemos, sino que también impulsa a la mente creativa a imaginar un futuro hacia el cual dirigirnos.

Tenemos este nuevo tipo de persona en la sociedad moderna. Por ejemplo, Brian May, el guitarrista de Queen. Tras triunfar con Queen, se puso a hacer un doctorado en astrofísica. Ahora su arte habla de su ciencia, y su ciencia habla de su arte. Cada vez que oigo que un artista está pensando en añadir un elemento científico a su trabajo, intento ayudarle. Me gusta verlos empezar con la ciencia y, a continuación, abrir las puertas para ver adónde les lleva su imaginación.

Cuando los científicos se comunican con el público, a menudo no consiguen despertar su interés ni que se les entienda. ¿Ha aprendido alguna lección para evitar esto?

Sí, he aprendido mucho. ¿Cómo lo aprendí? Hablando con la gente que me hacía preguntas sobre el universo. Mientras respondo, observo sus ojos y sus cejas, para ver si les interesa, les aburre o les confunde lo que digo. Compruebo a cada palabra con qué se identifican y con qué no. He convertido el tiempo que dedico a divulgar la ciencia en un instrumento para evaluar el interés, y siempre estoy calibrándolo para abrir al máximo los canales de comunicación.