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El hombre detrás de Humans of New York y su curiosidad contagiosa

Por Cara Cannella

La curiosidad innata de Brandon Stanton le ha ayudado a iluminar las vidas de 10.000 personas en todo el mundo. Ahora se ha animado a contarnos la historia del hombre que hay detrás de la cámara.

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En agosto, Brandon Stanton se encontraba lejos de los seres humanos que retrata en Nueva York. Buceando en las azules y cristalinas aguas del océano Pacífico, en Hawái, a miles de kilómetros de Nueva York, el prestigioso fotógrafo responsable del popular blog y la serie de libros Humans of New York (en inglés) (HONY) no podía evitar observar la vida que transcurría a su alrededor, en este caso, los bancos de peces de vivos colores.

“Siempre me ha gustado buscar cosas”, nos cuenta, recordando cómo disfrutaba de niño buscando luciérnagas y el equipo para atrapar insectos que le regalaron por Navidad. “De pequeño, cuando íbamos a la playa y todos nadaban en el agua, yo buscaba peces y conchas.”

No tardó mucho en volver a sentarse delante de su portátil. Al cabo de dos días, todavía en Hawái, compartió retratos de Mark y Carol, un matrimonio que perdió a dos hijos alistados en el ejército, uno por suicidio y el otro víctima de la violencia en Irak, y contó cómo han dedicado su vida a animar a otros jóvenes a pedir ayuda para superar una depresión.

En seis entregas de fotos y texto, Stanton presentó su historia a sus casi 18 millones de seguidores en Facebook y otros 6 millones en Instagram.

Estas laboriosas publicaciones forman parte de Invisible Wounds, la serie continua de Brandon sobre veteranos estadounidenses de las guerras de Irak y Afganistán, muchos con trastorno por estrés postraumático. Entre las labores de documentación, comprobación de datos y edición, una sola publicación puede llevarle 15 horas de trabajo. No es de extrañar que necesitara un viaje a Hawái.

Un retrato dentro de un retrato

“Cada imagen que (un fotógrafo) ve, cada fotografía que toma, se convierte en cierto modo en un autorretrato”, escribió la célebre fotógrafa documental Dorothea Lange en 1952.

Visto a través de la lente de más de 10.000 retratos de las calles de Humans of New York y a través de varias series que precedieron a Invisible Wounds, Brandon Stanton posee multitud de autorretratos.

Desde 2010, Stanton, de 32 años, ha alimentado sus ganas de descubrir deambulando por las calles con su cámara y buscando momentos que fotografiar, principalmente por todo Nueva York.

La documentación de esas instantáneas fugaces, una niña sonriente con su equipo de música en los escalones de un edificio, un enorme pájaro enviando un mensaje de texto en Times Square o un torero con sus mejores galas sujetando una tela de satén rojo en el balcón de un apartamento, constituyen dos libros de gran éxito, Humans of New York y Humans of New York: Stories. Además, por este trabajo la revista Time incluyó a Brandon en la lista de “las 30 personas menores de 30 años que están cambiando el mundo” en 2013.

Pero sus viajes más recientes le han llevado lejos de la jungla urbana de Nueva York hasta más de 20 países.

En la serie Pediatric Cancer de hace unos meses, Stanton publicó imágenes e historias del departamento de Pediatría del Memorial Sloan Kettering Cancer Center. Para Inmate Stories, entrevistó a presos federales en 2015. En Syrian-American retrata el reasentamiento de familias de refugiados, y para Refugee Stories ha viajado a Grecia, Hungría, Croacia y Austria.

El año pasado, en reconocimiento por su trabajo documental, Stanton, que se crió en Marietta, un suburbio de Atlanta, viajó con un joven de 13 años, Vidal Chastanet, y la directora de la escuela del chico, Nadia López, desde su barrio de Brooklyn (con un elevado índice de criminalidad) a una reunión con el presidente Obama en el despacho oval de la Casa Blanca. Tras retratar a Chastanet y contar la admiración que este profesaba hacia López en Humans of New York, y organizar una campaña de recaudación de 1 millón de USD para su escuela, Stanton abrió las puertas que les llevaron hasta la Casa Blanca.

“El principal impulsor del crecimiento de HONY es nuestra curiosidad por saber la verdad de las personas con las que nos cruzamos por la calle.”

Brandon Stanton

La curiosidad como impulsor del cambio

El afán de contar historias de Stanton resulta especialmente enriquecedor si se compara con su anterior trayectoria como operador de renta fija en Chicago, donde pasó interminables horas sentado delante de una computadora obsesionado por la evolución de los mercados financieros. La pérdida de ese trabajo en 2010 fue justo el empujón que necesitaba para trasladarse a Nueva York y dedicarse a su verdadera pasión: la fotografía.

En sus inicios como fotógrafo autodidacta, Stanton trabajaba como si fuera a la caza de un tesoro visual, buscando únicamente imágenes. Fue más adelante, al principio citando brevemente a los personajes retratados y, posteriormente, dándoles más voz mediante entrevistas en profundidad, cuando afloró su deseo por comprender a los demás.

“Descubrí que soy un buen entrevistador”, afirma. “Todo empezó de forma natural, entablando conversaciones con la gente y aprendiendo a contar sus historias de la mejor manera posible. Pero HONY comenzó a crecer de forma exponencial cuando decidí formular preguntas y compartir las respuestas con mi público. El principal impulsor del crecimiento de HONY es nuestra curiosidad por saber la verdad de las personas con las que nos cruzamos por la calle.”

En busca de la chispa

Aunque Stanton se considera a sí mismo más artesano que teórico, y su laboratorio es más anárquico que controlado, su proceso de presencia, observación, escucha atenta y seguimiento de cada hilo de curiosidad puede aplicarse a cualquier interacción o relación.

Con el tiempo y la práctica, ha aprendido a distinguir los elementos que conforman una historia conmovedora. Cuando algo le llama la atención durante la conversación con la persona retratada, escribe notas en su teléfono, y después perfecciona la narración.

La concentración exigida en las conversaciones, que llegan a durar hasta dos horas en la calle para un solo retrato, puede resultar tan agotadora como estimulante.

“Quiero encontrar imágenes, motivos y viñetas en la vida de una persona que transmitan su experiencia a un grupo amplio de gente”, señala. Mientras que algunos seguidores dicen que su trabajo conecta a la humanidad al dignificar a las personas y revelar rasgos comunes, un puñado de críticos lo consideran reduccionista o que refuerza estereotipos caricaturescos. Stanton se toma las críticas como una oportunidad de plantearse preguntas sobre la precisión y la calidad de sus representaciones.

“Todos tienen mi dirección de correo electrónico”, dice de sus 10.000 protagonistas. “Y todos pueden pedirme que retire su imagen. Quizá un puñado de personas en seis años de trabajo me han hecho esa petición. En algunos casos fue porque el público era más amplio de lo que esperaban.”

Para mantenerse centrado, Stanton insiste en los principios básicos en los que se basa su enfoque, intentando no caer en la sutil trampa de asignar a su trabajo valores morales, como benevolencia o unidad. “Al centrarme simplemente en los aspectos prácticos, dejo a un lado mi propio punto de vista”, apunta. “Me aferro a ellos deliberadamente.”

Cuando la curiosidad se propaga

Tras sumergirse en las fotos y las historias de Humans of New York, es fácil percibir el mundo a través de su lente. La contagiosa respuesta, también presente en las reacciones en Internet a las poderosas imágenes de sus compañeros de Nueva York Amy Touchette (en inglés) y Daniel Arnold (en inglés), entre otros fotógrafos callejeros, podría llegar a ser una fuerza de unión y empatía generada en las redes sociales y que se extiende a otros aspectos de la vida. Según su propia experiencia, afirma Stanton, la perspectiva ofrecida por sus retratos visuales y verbales ha eliminado barreras internas que podían haber existido antes.

“Aporta un contexto más profundo a todas las interacciones que tenemos”, señala. “Cada vez que alguien es grosero en el metro, cada vez que una persona parece deprimida o contenta… Tras escuchar las historias de tanta gente se crea una tendencia a ir más allá de ese preciso instante.”

En caso de un posible conflicto con un desconocido en la calle, una experiencia que resulta familiar a la mayoría de neoyorquinos, él procura evitar una reacción inmediata y se plantea preguntas a menudo sin respuesta. ¿Por qué está enfadada esta persona? ¿Por qué no sabe como manejar el estrés? ¿Qué le ha pasado? Este desconocimiento impone un grado de apertura mental, la cual, a su vez, implica cierto punto de rendición y adaptación a la vida en la ciudad.

Sin embargo, Stanton no siempre encuentra un mundo ideal. “Hay días difíciles, como cuando paso mucho tiempo con alguien que accedió a que le entrevistara pero que no se atreve a ir más allá de generalidades y a revelar detalles de su vida”, nos cuenta. “O cuando me acerco a gente y me rechazan; lo cual sigue sucediendo.”

Aunque el tema central de su próxima serie aún no está definido, no hay duda de que el futuro inmediato de Stanton incluirá más viajes. “Tengo un acuerdo con mi editorial para viajar a un centenar de países y hacer un libro”, revela. Ya ha documentado la vida cotidiana de Pakistán e Irán, entre otros. Países retratados en Occidente con titulares negativos principalmente.

Aunque se resiste a ser caracterizado como un activista con una misión, Stanton reconoce un permanente impulso motivador hacia la curiosidad.

“Si HONY tiene una utilidad”, concluye, con la cabeza todavía despejada tras la exploración submarina, “es la de lograr un equilibrio para el estigma aplicado a determinados grupos de personas. Son personas con estigmas que les marcan y cuyas historias hay que contar. Resulta más paliativo entre las poblaciones a las que se teme. Eso es lo que me atrae.”

5 libros de la lista de lecturas de Brandon Stanton

El profeta.
Este clásico espiritual, publicado por primera vez en 1923, contiene 28 ensayos poéticos y de búsqueda personal escritos por el místico libanés-estadounidense Kahlil Gibran.

El principito.
Publicada por primera vez en 1943, esta fábula escrita e ilustrada por el poeta y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry aborda las preguntas universales de la infancia con humor y tierna sinceridad.

El amor en los tiempos del cólera.
En esta novela lírica que relata una historia de amor de más de 50 años, el ganador del Premio Nobel, García Márquez, ilumina la magia de la vida cotidiana.

Tan fuerte, tan cerca.
En busca de una explicación tras la muerte de su padre en los atentados terroristas del 11 de septiembre, el narrador de nueve años Oskar Schell inicia un periplo por todo Nueva York en esta novela de 2005 escrita por Jonathan Safran Foer.

El punto clave: Cómo los pequeños cambios pueden provocar grandes efectos.
Este influyente libro, el primero del redactor del New Yorker Malcolm Gladwell, combina la psicología popular con la sociología para destacar los enormes avances que han sido posibles gracias a pequeños cambios en campos que van desde la vigilancia policial hasta el comercio minorista.