Ser quien manda

Cuatro maneras en que las mujeres pueden apoyarse mutuamente, y luchar contra el patriarcado, en el trabajo

por Erin Cassidy Nelson

Luchar contra el patriarcado es mucho más que ganar un salario equitativo. Aquí, la autora Jess Bennett nos da cuatro consejos sobre cómo las mujeres (y los hombres) pueden combatir el sutil sexismo que existe en los lugares de trabajo y establecer su propio “Club de la pelea” feminista.

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¿Alguna vez experimentó una “machoirrupción” en el trabajo? (Un compañero la interrumpe durante una reunión de trabajo). ¿Qué me dice de un “hombrérito”? (El mismo tipo se asigna el mérito por las ideas de una mujer).

Para muchas mujeres, estas palabras son el léxico común y corriente de un día típico de trabajo. Y para demasiados hombres, estos términos impiden un ambiente laboral verdaderamente productivo, en el cual hombres y mujeres se comuniquen como aliados, donde el mérito se reconozca como es debido, se eviten los estereotipos femeninos y se denuncie el comportamiento sexista.

Primer plano fotografiado por Sharon Attia

Jessica Bennett, primera redactora sobre género del periódico The New York Times, comenzó a experimentar —y más adelante a acuñar— estos términos como reportera rasa en Newsweek, donde admite haber visto espantada cómo los hombres aprovechaban la ventaja de su género para llegar al éxito corporativo. Para desafiar estas formas sutiles de sexismo, Bennett, junto a un grupo de jóvenes escritoras formaron una pandilla de mujeres, un club de la pelea feminista.

“La mayoría [writers] teníamos apenas veintipocos años, trabajábamos en puestos creativos, luchando por ascender —dice Bennett—. «Nos reuníamos cada dos meses, y lo seguimos haciendo, para compartir consejos, ayuda y trucos según nuestras propias experiencias de trabajar en entornos dominados por hombres blancos”.

La autora no escatima detalles en su primer libro, “El club de la lucha feminista: «Manual de supervivencia en el trabajo para mujeres”, un conjunto de herramientas basadas en estudios científicos para ayudar tanto a mujeres como a hombres a reconocer y combatir el sexismo en el trabajo. Ilustrado como una evocación del videojuego “Mortal Kombat” combinado con las revistas femeninas, abarca todos los temas, desde negociaciones salariales hasta literalmente cómo inclinarse hacia adelante (para evitar ser interrumpida).

Publicado en 2016, ojalá el libro de Bennett algún día se considere como una cápsula del tiempo de la lucha de los millennials en pos de la igualdad de género y como una premonición para 2017, el año del #MeToo (#YoTambién) y The Silence Breakers (Las que rompieron el silencio). Junto con un video que da vida a algunos de sus conceptos más proféticos, Bennett está cimentando velozmente su rol de referencia para las mujeres (y los hombres) jóvenes cansados del sexismo en el lugar de trabajo moderno.

Le preguntamos a la autora cómo pueden hacer las mujeres para ascender en el trabajo y, en sus propias palabras, nos dijo: “Aplasten al patriarcado, no a sus compañeras”. Aquí están sus cuatro aportes.

Utilice su privilegio para elevar a otras mujeres.

Si usted no se siente perjudicada, ¡genial! Pero hay muchas mujeres que sí, de modo que mi consejo sería utilizar ese privilegio para ayudar a elevar a otras mujeres.

Sabemos que las mujeres de color, por ejemplo, sufren una diferencia salarial más radical, y que las mujeres transgénero deben enfrentar una discriminación mucho mayor que las mujeres cisgénero. Si usted ocupa una posición de poder, puede insistir en emplear, capacitar y promover las tarifas equitativas para mujeres y hombres. Puede verificar las cifras de sueldos de su compañía para cerciorarse de que no haya una brecha de género (muchas compañías en Silicon Valley han hecho esto, como Salesforce) y, si la hay, corregirla. No se limite a sentarse a hablar de diversidad y listo: aplíquela a la contratación de personal, fije objetivos para resolverla.

Confíe en su instinto.

Pasé tanto tiempo tratando de integrarme, preocupándome sobre lo que los demás pensarían de mí, dudando si debía decir lo que pensaba o lo que realmente creía porque no estaba segura de si era correcto, elegante, o lo suficientemente bueno, o me preocupaban las críticas, o no ser perfecta, etcétera.

¿Sabe qué? Todavía creo en casi todas las cosas que tenía miedo de decir. Lo que diría es esto: Escuche su voz interior, intente no caer en la duda y defienda fírmemente aquello en lo que realmente cree.

Tenga claro que el cambio no siempre viene de arriba.

Obviamente es importante reconocer que el cambio puede venir de arriba: fijar objetivos sobre diversidad o evaluar la estructura salarial de su empresa para cerciorarse de que no haya una brecha entre los dos géneros, por ejemplo.

Pero también hay cosas que incluso aquellos en los peldaños más bajos de la escalera pueden hacer, y los hombres pueden hacerlo también: reconocer el mérito donde sea debido, cerciorarse de que en las reuniones haya un número proporcionado de mujeres (estudios demuestran que las ideas femeninas son más propensas a ser escuchadas cuando hay más mujeres en la audiencia), y rechazar la idea de asignar tareas administrativas solamente a las mujeres (u ofrecer ayuda si ve que eso está sucediendo).

Al fin y al cabo podemos decir con certeza que las organizaciones con paridad de géneros son lugares más felices para trabajar, además de más exitosos y más redituables. Si pudiéramos alcanzar paridad de géneros, el PIB de EE. UU. se elevaría un 26 por ciento.

Conozca su poder y el de una comunidad.

Muchos de los problemas que afrontamos son bastante comunes: la brecha salarial, la lucha por negociar un salario más alto (y la penalización que se nos impone cuando lo hacemos), las interrupciones cuando hablamos y que no se nos escuche, la ausencia de reconocimiento de los méritos de nuestras ideas, la preocupación por ser “impostoras” en nuestras propias oficinas, esas cosas son relativamente universales simplemente con cambiar la locación.

Una cosa que he aprendido es que todos tenemos energía; energía para afectar al cambio, para generar cambios, para luchar por nosotras mismas y por las demás. Pero somos más poderosas si colaboramos juntas; y no hay nada como un grupo de mujeres que se apoyan y respaldan mutuamente. La única cosa más poderosa que una mujer segura de sí misma es un ejército de ellas.