Nueva mirada

Oakland

por Lola Akinmade Åkerström

De carros de comida y arte callejero a mercados agropecuarios y deportes, el espíritu comunitario está vivo en Oakland.

Tiempo de lectura: 03 min.

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Existe una sensación específica que se siente apenas uno llega a Oakland, California. Comienza cuando vemos los vibrantes murales grabados en las fachadas de edificios antiguos y un abanico de caras diversas sonriéndole al pasar por la calle.

Esta sensación se profundiza con el aroma de distintas especias provenientes de vecindades revitalizadas (como Temescal Alley, Piedmont y Rockridge), y el distrito de Jack London Square, que ha pasado de la decadencia a convertirse en un animado pasaje costero. De paseo por la calle principal de Oakland, Broadway, uno comienza a ver que el horizonte de esta ciudad portuaria es tan diverso como sus habitantes.

Una ciudad que ha luchado duramente por zafarse de los estereotipos de antaño y ha emergido de la sombra de San Francisco, Oakland se erige hoy como un centro para la comunidad, el activismo y la fuerza de espíritu.

¿Quién forma Oakland?

Oakland es Sam Gilbert, el cervecero local detrás de Temescal Brewing, que sabe de memoria cuál es su cerveza preferida y qué les gusta beber a sus vecinos. Es la artesana Tracey “la parisina” Friley, que comparte su pasión con sus vecinos de Oakland desde su boutique, Oo La La. Es el fabricante de quesos Andrew Calabrese de Rockridge Market Hall, que sabe cuáles son sus preferencias.

“Conservamos tarjetas de quesos, de manera que uno puede volver un año más tarde y todavía encontrar aquello que compró y le gustó” –cuenta Calabrese.

Juntos, el mensaje es el de una comunidad de base que se apoya mutuamente y parece susurrar: “Estamos en esto juntos«. Solamente necesita hacer una visita a Oakland para ver que vivir aquí es existir en medio de varias comunidades muy unidas.

Renovar la historia

A la sombra del Oakland Marriott City Center se encuentra el distrito histórico Old Oakland, un espacio creativo de oficinas y boutiques con arquitectura de estilo victoriano; por ejemplo, la tienda Marion + Rose Fine Goods, que ofrece artículos de diseñadores y artesanos locales. No es extraño que el lema oficial de las boutiques locales sea: “Estamos en esto juntos”.

Todos los viernes, Old Oakland organiza un vivaz mercado agropecuario que contiene las frutas y verduras más frescas, y productos hechos a mano, entremezclados con los carros de comidas. Pero los residentes de Oakland no solo venden mercancías. Lo hacen con una pasión desenfrenada y un profundo conocimiento.

En el mercado, Cortland Thomas de Far West Fungi explica a los clientes los secretos de sus hongos y champiñones: desde los shiitake y oreja de Judas a los portobello y las setas de cardo. Thomas era recolector aficionado de hongos mucho antes de ser contratado para hacer lo que más ama a nivel profesional.

La misma historia se repite para Aaron Walker, quien era un integrante apasionado del Club del vino Rosenblum Cellars antes de ser contratado para hablar de vinos a sueldo. Su amor creció y, de encontrar el vino perfecto para realzar una cena, ahora es aficionado a la comida también.

La escena culinaria de Oakland se basa en servir versiones modernas de platos clásicos de la cocina global, de las taquerías a la mexicana a mercados de estilo europeo.

“En Oakland, los platos clásicos y probados llevan un toque personal y propio que los hace mucho más especiales” –declara Lauren McCabe Herpich, de Local Food Adventures, ante una mesa con tacos de pollo.

Una conexión culinaria

Comer en Oakland es una aventura culinaria a través de diversas culturas en un solo plato. También podemos encontrar otra adaptación de los clásicos tacos en alaMar Kitchen, donde el cocinero dominicano-estadounidense Nelsen German mezcla su herencia caribeña con la cocina mediterránea e influencias asiáticas en sus tacos de pescado.

Hay docenas de carros de comida que entrecruzan la ciudad, y los viernes por la noche, en el Oakland Museum of California (OMCA), podrá encontrar una reunión comunal con música en vivo y comida callejera. Allí, residentes y visitantes encontrarán varios carros de comida que venden mezclas de cocina fusión, desde burritos de sushi a emparedados de pollo y waffles.

“Hay que salir de la zona de confort –agrega Friley, que también maneja @BestFoodInOakland en Instagram–, porque allí es donde sucede la magia”.

Si bien un solo plato en Oakland puede contener siglos de cultura culinaria de todo el mundo mezclados para crear el manjar culinario perfecto, esta conectividad no se limita solo a la cocina.

Los movimientos populares requieren una pasión inflexible para construir comunidades, y esto se manifiesta a diario en toda la ciudad. El vínculo comunitario se evidencia en el arte callejero, los murales y los monumentos que abundan en las calles de Oakland. Y al filtrarse la luz de la mañana por entre los cielos cubiertos, los visitantes podrán vivir esa conexión en los saludos de complicidad entre desconocidos, desde Lake Merritt hasta las paredes bulliciosas del estadio Oracle Arena de la ciudad.

Como dueño de un pequeño negocio que apoya a otras pequeñas empresas, Herpich resume la filosofía de Oakland de esta manera: “En Oakland nos enorgullece el acercamiento mutuo, el darnos la mano y el apoyo mutuo para triunfar. Ese es el espíritu comunitario que se siente aquí”.

En Marriott Hotels, todo lo que hacemos se basa en el principio de que los viajes estimulan la mente e inspiran nuevas perspectivas. Este año invitamos a la galardonada fotógrafa y escritora de viajes Lola Akinmade Åkerström a capturar imágenes y a contarnos las historias de distintas personas, formas de vida y culturas en destinos de todo el mundo.


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